¡Chitón, perrito!
Déjame entrar a tu casa,
no ladres, nada te pasa,
solo quiero descansar.
¡De ningún modo!
¡Fuera de aquí, atrevido!
Si no escuchas mi ladrido,
te voy a despedazar.
Tanto el ladrón rogaba,
tanto el perro insistía,
que armó tal alboroto,
que lejos de ahí se oía.
Las gentes se levantaron,
el ladrón de miedo huyó,
los ladridos terminaron,
y la casa se salvó.
Yo la conocí en voz de Florentino Blanco,
mi abuelo paterno, al que amo, al que le he aprendido
un millon de cosas, entre las mas importantes,
a ser feliz, a trabajar duro, a ser humilde,
a que la vida es una y hay que llegar hasta el limite
haciendo tres cosas
- viviendo feliz y entregando TODO a cada instante,
- nunca dejar de aprender, y nunca dejar de enseñar,
- Dedicarle cada paso, cada etapa, cada triunfo y cada lagrima
a Dios, nuestro señor....
.)